¿Y ahora qué? – El impacto del Covid-19 en el desarrollo de los profesionales


Los caminos de la transformación son inescrutables:  “La aceleración es igual al cambio de velocidad obtenido dividido por el tiempo empleado expresado en metros por segundo al cuadrado”

A pesar de lo que se pueda llegar a pensar, este virus, esta crisis, no ha traído, de momento, nada nuevo en el horizonte. Simplemente ha acelerado muchos procesos que se venían produciendo en el mundo.

La reflexión anterior muestra un punto de partida cuanto menos polémico si nos atenemos a las imágenes, noticias y discursos relacionados con la mal llamada “nueva realidad”.

Si profundizamos un poco, el sentido común nos indica que la crisis del COVID-19 ha acelerado dicho entorno, desplegando, si cabe con mayor velocidad e intensidad las claves que lo definen.

Entrando en materia, cuando pensamos en el desarrollo y formación de las personas adultas, si aplicamos el razonamiento anterior, nos daremos cuenta de que los siguientes aspectos, ampliamente comentados en numerosa literatura, se han acelerado:

  • Tecnología: la incorporación de plataformas y soportes de carácter tecnológico es hoy una realidad. Se ha acelerado la adquisición de este tipo de aparatos a lo largo de la pandemia, dotando a cada hogar, a cada familia de los medios necesarios (tablets, móviles, etc).
  • Conectividad: antes del COVID-19 estábamos conectados a internet de banda ancha, al menos, un 90% de la población y 15 horas semanales. Ahora, y durante el confinamiento, ¿cuántos horas de más nos hemos conectado? Quien más, quien menos ha potenciado sus datos, mejorado sus dispositivos y conectado varias veces al día, superando con creces dicha cantidad de tiempo.
  • Interacción conectada: en un escenario previo a la hecatombe, los usuarios de internet empezaban a mostrarse seguros en la interacción con comercios electrónicos, administraciones públicas (en su gestión más básica), y alguna que otra operación bancaria. Se ha podido comprobar en este periodo excepcional que no solamente se han consolidado este tipo de interacciones, sino que se han visto incrementadas de manera exponencial con crecimientos de dos dígitos. Hoy en día ¿quién no ha hecho la compra por internet? ¿Cuántas personas se han conectado para ver las cuentas de su banco? ¿a cuántos autónomos/as se les ha resistido el registro electrónico para subir el impreso de solicitud de las ayudas para el COVID-19? ¿alguien podía imaginar que nuestros hijos e hijas interactuasen, tuviesen la edad que tuviesen, con las plataformas de enseñanza de los coles?

Estos, son solo algunos aspectos. Existen otros muchos.

Este escenario se ha sumado o ha venido como consecuencia del confinamiento y la imposibilidad de desarrollar acciones presenciales (compras, formación, pagos en la administración pública, etc).

En mi opinión ha generado y establecido en el ser humano (porque ha venido para quedarse) una serie de conductas y comportamientos que ya se venían apuntando antes de la pandemia:

  • Inmediatez: buscamos la que deseamos y lo queremos ya.
  • Rapidez: cuando lo encontramos queremos disponer y consumir lo antes posible (si es que entra dentro de nuestros parámetros o expectativas).
  • Accesibilidad: necesitamos múltiples puertas de entrada, en distintas condiciones, cuanto menos exigentes y más intuitivas mucho mejor.
  • Utilidad: lo que llegue a nosotros ha de ser aplicable, tener un rendimiento o simplemente “servirme” para algo. Sino es así, lo descarto de inmediato.
  • Satisfacción: en plenitud. Aquello que me resulta gravoso o no cubre mi expectativa de satisfacción en un espacio corto de tiempo, lo descarto.

Por tanto, nos encontramos ante un ser humano exigente en sus decisiones, rápido en su acción, que busca contenidos o productos inmediatos, accesibles, rápidos, útiles, satisfactorios y en el canal o medio a través del cual realiza la mayor parte de sus interacciones conectadas (esto es, videos, contenidos audiovisuales, redes y espacios síncronos, desde un dispositivo conectado a internet).

Las decisiones son rápidas y el empoderamiento una realidad guiada por la habilidad de los gestores de contenidos y experiencias.

En esta situación, donde el adulto y el entorno se han aliado para acelerar lo procesos y tecnologías, han cambiado, en mi opinión, la manera y modo en el que abordamos el aprendizaje.

A tenor de lo dicho anteriormente podemos concluir que:

  • El “nuevo” ser humano ha potenciado sus necesidades relacionadas con el formato y contenido de los aprendizajes.
  • “Ahora” los itinerarios formativos han de prestarse y desarrollarse desde una perspectiva cercana, siendo necesarios los canales habituales del público objetivo (conectados y audiovisuales).
  • “Esto” mediatiza enormemente el “cómo” abordamos los diseños y a través de qué herramientas los ponemos “en juego”.
  • No nos sirve seguir haciendo las cosas del mismo modo puesto que han cambiado las “reglas” del juego.
  • Nuestros usuarios (no participantes) buscan una experiencia de aprendizaje en la que conectarse con rapidez y accesibilidad. Atractiva en su formato. Generada en un canal lógico para él (virtualmente conectada). Satisfactoria y útil.
  • No “vale” cualquier cosa y “detestan” aquellas que generan excesiva dedicación y que se muestren “desconectadas” de su realidad

Y ahora, ¿qué?

“Ahora” deberíamos diseñar entornos ágiles, conectados y accesibles, que aporten contenidos atractivos, en formatos “conocidos” por el usuario (videos, imágenes interactivas, elementos micro) que le lleven a disponer de una caja de recursos sobre la que decidir qué elemento le viene mejor para “aterrizar” y dotar de “sentido” lo que hacen o aprenden (integrando así la perspectiva de utilidad y satisfacción anteriormente comentada).

Virtualizar lo presencial, es actualmente una necesidad. Generar un espacio conectado en el que disponer los elementos principales de un proceso de aprendizaje, una obligación. En mi opinión, lo presencial, cuando recuperemos la normalidad, volverá, pero nada será igual.

Las herramientas y los nuevos contextos harán imprescindibles los diseños mixtos en los que incluir esos recursos “conocidos” por el alumn@ en el canal más propicio (online).

Recogiendo lo que exponía al inicio de este pequeño artículo, la velocidad con la que se han introducido/utilizado las nuevas tecnologías (Fenómeno Zoom, el cual usan hoy en día 300 millones de usuarios, 10 millones al iniciar 2020, fundada en el 2011) dividido por el tiempo empleado (durante la pandemia) nos arroja cifras positivas en la aceleración, diría que astronómicas!  ¡EXPONENCIALES!

En definitiva, en nuestra experiencia, lo que el COVID-19 ha acelerado, seguirá estando en nuestro presente y marcará nuestro futuro.

¿Alguien se imagina la vida sin Zoom? Yo tampoco.

 

Referencias:

La sociedad de la información en España. ONTSI 2019.

Sociedad Digital en España. Fundación Telefónica. 2019.

El ecommerce crece un 55% por el coronavirus. Laura Quelle. EcommerceNews. 2020.

El Covid-19 dispara un 73,7% la venta online de gran consumo en la segunda semana de cuarentena. OKDiario. Abril 2020.

Las ventas de PC se disparan durante la pandemia. M.Prieto. Expansion.com. 22 de Mayo 2020.

Efecto Zoom: el gigante del vídeo surgido de la Covid-19 dobla en tamaño a Twitter. Carlos Rodríguez. LaInformación.com. 17 de Mayo de 2020.